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Viaje a Eslovenia y Venecia

Enviado por Javier, el 17/11/2011


Día 5:  Bled – Bohinj – Venecia

Resumen del día. Valoración de los lugares visitados ese día.

Con un cielo azul y un frío que pela para ser octubre (0 grados, aprox) desayunamos el suculento desayuno buffet del hotel. Queríamos ver muchas cosas en torno a Bled, y después coger la carretera hacia Kranjska Gora y llegar hasta Bovec, pasando por el paso Vrstic, una carretera endemoniada con 50 curvas de 180º que construyeron los presos en la Primera Guerra Mundial. Pero no habíamos caído que la nieve había cerrado el paso, así que pensamos en ir por otro camino.

En primer lugar, fuimos a ver la garganta Vintgar. Es una garganta, a unos 5 kms de Bled, en las que el río Vintgar se estrecha formando una bonita garganta, con caídas de agua, rápidos, etc…y todo en un camino que discurre entre bonitos árboles y puentes sobre el río.

La garganta Vintgar
La garganta Vintgar

A las 11 intentamos subir al castillo de Bled, pero finalmente no entramos, ya que parecía que no tenía mucho atractivo por dentro y ya desde ahí las vistas era bonitas. Por eso continuamos hacia el lago Bohinj, que habíamos leído que era menos turístico que el lago Bled, pero igualmente bonito y más grande. La carretera desde el castillo de Bled hacia el lago Bohing, bordeando el lago Bled era preciosa, y ofrecía las vistas que suelen venir en las postales: el lago con las montañas (nevadas) al fondo.

El lago Bled con las montañas nevadas
El lago Bled con las montañas nevadas

Poco a poco vimos algunas manchitas de nieve y como 10 kilómetros antes de llegar al lago Bohinj, a la altura de un pueblo llamado Jereka, nos encontramos con una paisaje de cuento: todo nevado, con los árboles con la nieve recién caída, todo con una cuarta de nieve….y el sol fuera. Precioso paisaje en octubre, tanto que nos salimos del coche e hicimos un muñeco de nieve junto a una casa, con los vecinos mirándonos con cara extrañada. Queríamos llegar a la cascada Slap Savica, al final del lago, y lo hicimos por un recorrido precioso, con los árboles cargados de nieve que de vez en cuando nos caían sobre el coche (y uno de ellos destrozó la antena de nuestro coche de alquiler). Al llegar a la cascada, nos anunciaba el cartel 20 minutos de subida, y el camino estaba entero nevado, pero nos armamos de valor, y 45 minutos después llegamos y vimos a un mirador donde se veía una bonita caída de agua desde casi 100 metros, repartidos en 2 saltos. Aunque lo mejor era el paisaje que teníamos delante, con las cumbres blancas, el cielo azul, los árboles dorados, y todo eso reflejándose en las tranquilas aguas del lago Bohinj.

El bonito Lago Bohinj
El bonito Lago Bohinj

Camino de subida hacia la cascada Savica
Camino de subida hacia la Cascada Savica

Cascada Savica
Cascada Savica

 Como ya he comentado, nuestro coche no venía preparado para la nieve. Así que pernoctar en Bovec, una estación de esquí rodeada de bonitas montañas y del parque nacional del Triglav, no parecía una opción muy sensata. Muy amablemente, la recepcionista del hotel de Bled nos había sugerido una opción para salir de las montañas: montar el coche en un tren (se coge el tren en Bohinjska Bistrica y te bajas en Most Na Soci, 45 minutos después, y ya fuera de la zona alpina). Decidimos hacer eso y dormir en Venecia. Así que a las 16:45 cogimos el tren y gestionamos la anulación del hotel de Bovec y una reserva para Venecia. El tren atravesó las montañas en un claustrofóbico túnel (más de 10 minutos a oscuras) y cogimos la autopista hacia Venecia, pasando por Nova Gorica, última ciudad antes de la frontera con Italia.

A las 8 llegamos a Venecia, y como habíamos reservado en pleno centro de Venecia, teníamos que dejar el coche en la Piazzale Roma, donde hay un inmenso parking en el que dejas el coche por 30 euros / 24 horas. Allí se cogen los barcos que te llevan hasta la plaza de San Marco (valen el 1 y el 2). Cogimos el 2, que va por fuera del Gran Canal y con las maletas a cuestas llegamos sobre las 10 de la noche al hotel Noemí, en una bocacalle de la plaza de San Marco. Como era muy tarde, nos lanzamos a cenar, y pillamos un restaurante abierto en plena plaza.

La primera impresión que nos llevamos de Venecia fue la de que habíamos llegado a otro mundo. Había multitud de comercios, decenas de vendedores de bolsos falsos, objetos voladores y muchas personas de todas las nacionalidades, y nos chocó un poco, acostumbrados a la tranquilidad de Eslovenia y a su escaso turismo.

Alojamiento en esa noche
El hotel Noemí era un hotel de 3 estrellas (en España serían 2) reservado sobre la marcha, sin apenas referencia, sólo sabíamos que estaba bien situado. Nos sorprendió que la recepción estaba en la primera planta. Las habitaciones eran muy pequeñas, recargadas en rojo (la nuestra, otras  no lo eran) , con lo mínimo, y con un desayuno cortito y mal servido, y con los precios altos por estar en pleno centro de Venecia (150 euros una noche). Tampoco tenía ascensor. Sin embargo, la situación era excelente, y nos dejaron tener las maletas en el hotel durante todo el día siguiente, aunque salimos del hotel a las 12. Así que cumplió su cometido de permitirnos alojarnos en pleno centro de Venecia.